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“Vivir fuera de tu país te mantiene siempre vivo”

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Los deseos de conocer mundo de Cinzia Micelli la llevaron, en un primer momento, a Swansea, una pequeña ciudad de Gales. Allí estudió durante un año, gracias a una beca Erasmus, y después hizo las maletas rumbo a Alemania primero, donde trabajó siete meses, y a México después, que fue su casa durante más de tres años. Finalmente, el amor la trajo a Madrid, donde vive con su familia y desarrolla su labor profesional como emprendedora.

¿Cuándo y por qué decidiste dejar tu ciudad de origen?

La primera vez que dejé mi ciudad fue por motivos de estudio, en concreto por una beca Erasmus, y porque tenía mucha curiosidad de conocer otros países, idiomas, costumbres y maneras de vivir. Luego surgieron oportunidades de trabajo, vínculos afectivos y el curso de la vida me llevó a establecerme definitivamente en España.

¿Te costó adaptarte?

No, porque cuando decidí mudarme y vivir en el extranjero era lo que yo quería hacer en ese momento y creo que la tenacidad de tal decisión me ayudó mucho a superar todas las dificultades que uno se encuentra al hallarse en otro país. Ahora que ya llevo unos años establecida me doy cuenta que el entusiasmo y la disposición inicial son los factores que realmente marcan la diferencia y el éxito de una estancia en el extranjero.

¿Cómo conseguiste tu primer empleo aquí?

Repartiendo currículum y hablando con la gente. Al principio tuve que aceptar trabajos poco remunerados, siempre con la aspiración de ir mejorando.

¿Qué dirías que es lo mejor y lo peor de vivir fuera de tu país?

Diría que lo mejor son dos cosas: vivir fuera de tu país te mantiene siempre vivo, despierto. Aunque pasen los años, siempre sigues sorprendiéndote por algo, sigues aprendiendo y permites a los otros que aprendan de ti y de tu diversidad. También valoras mucho más tu propio país, tus raíces, te das cuenta de qué pasta estás hecho.

Lo peor es, sin duda, estar lejos de los familiares y de los amigos, y sentirte vulnerable y desprotegido, aunque poco a poco vas creando tu “zona segura”. Encuentras personas en las que puedes confiar que representan un poco a unos “guías”, que te ayudan y te apoyan. Pero, sin duda, el mayor sacrificio es no poder estar con mis seres queridos en los momentos en los que me puedan necesitar, en las reuniones familiares, algunas fechas como las Navidades…

¿Qué tres cosas echas más de menos de Italia?

Pasear por mi ciudad, admirar los palacios, las obras de arte que me gustan, observar a la gente y tomarme un café; hablar mi idioma y sentirme “arropada” en un entorno seguro y conocido, echo de menos mirar a la gente a los ojos y entenderla con tan solo una mirada; y la cercanía del mar, de la montaña y de la frontera, la variedad del territorio. Recorrer 100 km y encontrarme con un paisaje, una comida y un idioma distinto.

¿Cómo es tu vida en España? ¿En qué se diferencia y en qué se parece a la que  llevabas en Italia?

Lo que marca más la diferencia para mí es el ritmo de vida: vivir en Madrid es vivir a la velocidad de una metrópoli y es muy distinto a cómo viví en otros sitios. Todo es más rápido y frenético. Además, los horarios son distintos. Por ejemplo, en verano se cena muy tarde, se sale muy tarde, aunque tengas que madrugar. En Italia mis ritmos eran más pausados… aunque he llegado a la conclusión de que, en el fondo, perseguiría los mismos objetivos tanto si estuviese en Italia como aquí en España. Cambiaría el entorno y la manera de recorrer mi camino, pero mis metas laborales o personales serían sin duda exactamente las mismas.

¿Te gustaría volver?

Estoy contenta con mi vida en Madrid, pero sí, no niego que me gustaría volver en algún momento.

¿Qué le recomendarías a alguien que quisiera vivir una experiencia en el exterior?

En los últimos 20 años ha cambiado radicalmente la manera de viajar, percibir las distancias y alojarse en el extranjero. El viaje o la estancia en el extranjero no es un desplazamiento, es primero un deseo: deseo de aprender idiomas, conocer sitios y personas, ampliar los horizontes culturales… A quien quiera vivir este tipo de experiencia le diría que siempre merece la pena viajar, explorar, estudiar… es algo que nutre y enriquece. Que no se limiten a “desplazarse” de un sitio a otro, que vivan el viaje o la estancia con espíritu “de aventura”, inquietud y curiosidad, que no sean superficiales, que hablen con la gente y conozcan a fondo el entorno que visitan.

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